las dos en las islas canarias

Selección de Textos de Sonja Kasten

Agia Sofia (Santa Sofía)

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Mis hombros los nudos en el telar del desprecio. 

Ahora, más lejos, tiñe el recuerdo un tinte burlón.   

Eran llamas del aliento entre las rocas, Agia Sofia, 

Y mi alma fundida a las entrañas de la tierra.  

Señor de los pastores.  

Piedra fina sopesando senderos, 

Lámina angosta absorbiendo pesares: 

Eras quien se deshacía por desperdigar  

Espíritu sobre las mallas de hierro.   

Y se agarra mi mano al barro ceniciento, 

Excava la locura rastros de antaño, 

Y te veo: párpados de las cúpulas 

Lanzando destellos más allá de las estepas de Oriente.   

Lecho de mi muerte, 

Quién no se bañara de nuevo en los charcos rojos 

De mi suspiro vacilante al extinguirse: 

Otomano, flecha de acero y espada, 

Venga el irme.   

Torres de luz y cristales de seda, 

Enigmas … ¿Dónde estuvieras?  

El alma se extingue cuando acaparamos con los dedos 

Sin reconocer a quién evalúa lo sublime 

A trazos de caminos conduciendo a lo sabio.   

Hace tanto tiempo que ya morí,  

Que casi se me olvidó que no fuera sino un recuerdo, 

Y aun me asombro de aquello que me devolvió el soplo 

De otro vida: piedra a piedra sacada del fango 

Hecha esencia conceptual en mis adentros.  

Señor sesgando los horizontes. 

Agia Sofia en la palma de mi mano: 

Soy yo las ondas de los rebaños en el oleaje, 

Soy yo la lluvia de los pétalos amaneciendo, 

Soy yo tu nombre, sacado de tus huesos, 

Cuando concienzudamente lo borraste 

Para quedarte con lo mío.  

Tierra de mi último cobijo, 

Amparo o sarna del recuerdo insoportable. 

Sea: de mi recuerdo saldrá el fuego demoliéndote,  

También a ti: desierto mendigando arbustos prendidos.  

¿Todavía?

Agia Sofia … 

Visión de antaño estampada a mi presente, 

Regocijo de mis andares, aire llevando misivas 

A quien amare.  

Y tú, griego, más, ¿dónde te quedares? 

¿Se fue la fuerza, el poder, la suficiencia? 

En mi bolsillo se encuentran, 

Migas sembradas para el regreso 

A otros lugares menos estrechos.  

Ni tan siquiera lo siento. 

A ti, empero, aún te estallará el vientre 

Por no haber sabido guardarme.

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